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Susan Pfferr

miércoles, 6 de marzo de 2013

Haruki Murakami: Del encuentro con Susan Pfferr

La vida en ocasiones se nos presenta surrealista, tanto, que hace que nos planteemos si no seremos personajes, creaciones de un escritor que, divertido, nos enfrenta al absurdo.

Como muestra de surrealismo existencial, el siguiente relato autobiográfico:
(Banda Sonora) Haz clic en Banda Sonora si deseas disfrutar de la melodía que he escuchado mientras escribía este relato. (Chet Baker. Autumn in New York)

“Haruki Murakami: Del encuentro con Susan Pfferr” por Susan Pfferr

“Entre la correspondencia, una nota manuscrita sellada con lacre:

Estimada Sra. Pfferr, le agradecería tuviera a bien pasar por mi domicilio a las 20:00 horas del día de hoy.
Su vecino del 1ºA
Firmado.  村上 春樹


Permanezco atónita ante la cuartilla que alberga un texto formal en exceso y una caligrafía casi ilegible, tanto, que el garabato de su firma parece japonés; amén, de la presunción de su autor, de que podré acudir a una cita con un aviso tan precipitado, que no me sugiere ningún interés, y sin ni siquiera formular el asunto de la reunión.
Decido ignorarla, no sé quién es mi vecino del 1º A; tampoco conozco al resto de vecinos, no suelo cruzarme con ninguno.
En realidad, sólo tengo trato con el vecino de la Petunia, quien ostenta el título nobiliario de Vizconde Castellane de Viane, un elegante caballero con acento francés que viste una decadente capa española y que, todos los días, excepto los lluviosos, sale religiosamente a pasear a su maceta calle abajo, calle arriba, bajo el Sol. Su casa es muy sombría, y a la planta la ausencia de caricias del astro rey le mustia; así me lo explicó un día que coincidimos en el ascensor.
La excentricidad me resultó tan encantadora que inspiró mi más profundo respeto y simpatía.

Un día me lo encontré cabizbajo y lloroso porque se le había muerto la planta y, en tono confidente, me explicó que en ella estaban enterradas las cenizas de su esposa.
Me conmovió tanto que recorrí todas las floristerías de la zona hasta hallar una Petunia hermosa. Cuando se la entregué, me sonrió con el brillo de las lágrimas en sus ojos,  trasplantó la planta a su antigua maceta, la que contenía las cenizas de su amada, y continuó con los paseos, calle abajo, calle arriba, bajo el Sol.

Entro en casa con la intención de darme una ducha, almorzar algo ligero y sentarme a escribir.

Las horas de la tarde se deslizan por mi estudio de forma sosegada y aburrida; es uno de esos días en los que padezco ausencia de inspiración, lo que significa que todo lo que he escrito acabará en la papelera. De pronto, miro el reloj como si mi subconsciente me señalara que es la hora de acudir a la reunión con mi vecino del 1º A, son las ocho y cuarto.
¿De qué querrá hablar? - me cuestiono intrigada- .

Decido bajar, tal vez sea algo importante.

Pulso el timbre.

A los pocos segundos, abre la puerta un hombre de rasgos orientales. ¡¡¡Es japonés!!!
Y yo que pensé, al ver su firma, que tenía una pésima caligrafía.

-Buenas noches, soy Susan Pfferr, he visto su nota en el buzón –titubeo -.


-Entra, por favor. Bienvenida - me interrumpe –. En su rostro una sonrisa amplia y amable.
Me guía hasta un salón de grandes dimensiones. Observo la decoración con discreción, me sorprende una colección de miles de vinilos perfectamente ordenados. Mi anfitrión se mueve de un lado a otro de la estancia, encendiendo incienso, colocando unos libros en una estantería; mientras mantenemos una conversación intrascendente y el tema “Autumn in New York” interpretado por una orquesta de Jazz acompaña nuestras voces.

Le sigo en sus quehaceres con mis mejores pasos de bailarina al son del suave ritmo, con la intención de disimular un deseo irreprimible y espontáneo que me incita a danzar y danzar...

Me complace descubrir la presencia de un gato negro  tumbado en un sofá de terciopelo verde que me mira, desde la placidez que sólo un felino feliz puede mostrar y, acto seguido, cierra los ojos para continuar con su meditación. Entiendo la señal y reprimo el deseo de acercarme a él.

Llama mi atención una gran mesa rectangular de color caoba con cientos de velas multicolores esparcidas por la superficie, que me recuerdan el arcoíris. Adivinando mi interés, mi vecino, me invita a llevarme las que más me gusten. Elijo una de color violeta y él me ofrece una azul, haciendo alusión al color de mis ojos.
Le doy las gracias.
Él sonríe.
Su mirada es franca, amistosa e inteligente.

Me ruega que tome asiento en el sofá junto al gato negro, a quien pide que me haga compañía mientras él prepara el té. El gato, le ignora y sigue con su meditación. 

Regresa, tras unos minutos, con una bandeja, que coloca en una mesa auxiliar, y se sienta en un sillón de cuero situado frente a mí.
Me pregunta si me gusta la Literatura, le respondo que sí, que me encanta leer y que soy escritora.

¡Yo también! –  exclama, con voz animada por la coincidencia- ¡Y me han concedido varios premios literarios entre ellos el “Kafka”! – añade, en un tono con matices de asombro, orgullo y diversión- como si jamás en su vida hubiera esperado tener semejante reconocimiento.
-¡Es genial! Debe sentirse muy orgulloso- pronuncio intentando modular la voz para que no me delate la sorpresa. ¿Cómo le confieso que desconozco su célebre nombre y su obra?
Disimulo. Le pregunto cuándo supo que quería ser escritor;  me responde que mientras asistía a  un partido de béisbol tuvo una revelación y lo supo. Me hace gracia, creo que bromea, pero la expresión de su rostro me indica que habla en serio. ¡Qué extraña manera de descubrir una vocación!
Yo lo sabía desde niña, desde que mi padre inventaba cuentos para mí, pero cuando crecí lo olvidé. Ese fue mi gran error: olvidar lo que sabía.
Al principio –añade- escribía sólo para mí y para algunos amigos; jamás imaginé que llegaría a donde estoy –continúa- mientras me sirve una taza de té.

Tengo ganas de preguntarle su nombre, pero me avergüenza no conocerle. Mi criterio para elegir a un autor es bastante independiente y vivo ajena a las críticas, las modas y las tendencias literarias.
Intuyo que ha advertido que no sé quién es, y creo que le divierte, supongo que porque la fama le roba el anonimato que desea y yo debo ser la única persona del mundo que no le conoce. Como adivinando mis pensamientos, me confiesa que no le gusta conceder entrevistas,  por dos motivos: el primero porque le impide pasar desapercibido cuando sale a la calle; y el segundo, porque está cansado de hablar con la gente pues, antes de dedicarse a escribir, regentaba un bar de Jazz y tenía que  conversar con los clientes. A pesar de todo, ama su trabajo y lo que más le gusta  es que le permite bucear en su interior, explorarse y para ello es necesario el silencio y la soledad; todo lo contrario a su vida anterior.

Interesante –pienso- no le gustará conceder entrevistas, pero lo cierto es que no ha parado de hablar desde que llegué y, sin embargo, aún no sé el motivo de mi presencia en su casa. No seas irónica - me recrimino- no todos los días sucede que se recibe la invitación de un célebre escritor,  aunque en lo que respecta a mi universo personal fuera anónimo.
De pronto, siento un sopor que me impide mantener los ojos abiertos, todo se desfigura a mi alrededor, se desvanece, el escritor japonés desaparece, y yo también.

Me despierto con la sensación que dejan esos sueños que, de puro hiperrealistas, resultan ser excesivamente surrealistas, por aquello de que los extremos se tocan.

¡He soñado con un escritor japonés que ha ganado el Premio Franz Kafka! Pienso divertida.
Introduzco en el buscador de Internet: Escritor japonés + Premio Kafka

Resultado de la búsqueda: Haruki Murakami.
Busco una foto suya. Alucinada compruebo que ¡es el mismo hombre del sueño!



Haruki Murakami


¡Murakami se me ha presentado en un sueño!
Leo los títulos de sus obras; reconozco la portada de 1Q84; lo había visto en muchas librerías, pero nunca lo compré.
Decido leer un libro suyo, se lo debo, por haberse aparecido en un sueño, superando el surrealismo propio de los sueños…
Y pienso: voy a leer un libro a partir de conocer a su autor en un sueño. 

Una extravagante idea brilla en mi mente: Los escritores asomándose en los sueños de potenciales lectores; eso, Sr. Murakami, yo lo denominaría un prodigio de “Marketing Astral Avanzado”; ha conseguido suscitar mi interés lector a partir de una invitación onírica pero usted es un célebre autor, su nombre figura entre los candidatos al Premio Nobel de Literatura y, con todos los respetos, Sr. Murakami, no lo necesita…”
___________________

Durante la noche, mientras el cuerpo y la mente consciente descansan, el subconsciente despierta y actúa a través del cuerpo Astral, fija encuentros, toma decisiones, y nuestra Alma recibe instrucciones y se comunica con otras Almas.
El mundo nunca duerme, jamás descansa, es sólo un espejismo, un engaño de Morfeo; porque cuando dormimos estamos más despiertos que nunca…

Audio-Relato narrado por Susan Pfferr: 


Con mis mejores deseos,
Susan Pfferr

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CITAS

"Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás" Gabriel Marcel

Amor Vincit Omnia

"Detrás de una gran persona, existe un Hacedor de Sueños" Susan Pfferr

"La Vida es la Oportunidad de hacer realidad una Utopía: la tuya" Susan Pfferr

"Todos los gatos, absolutamente todos los gatos, son una obra de Arte" Susan Pfferr

"Gatos y Arte son sinónimos" Susan Pfferr

"El Escritor da vida a los libros, pero son los Lectores quienes los inmortalizan" Susan Pfferr

"El Ballet es el Arte más generoso que existe: esfuerzo inmenso, belleza y elegancia evaporadas en un instante" Susan Pfferr

"La Danza es la Alquimia que transforma el cuerpo del bailarín en Música" Susan Pfferr

"La Literatura es la Danza de las Palabras" Susan Pfferr